
Con el paso del tiempo
te he ido borrando de a poco
para tratar de desenquistarte
de lo más profundo de mis entrañas:
Primero, borré tus pies
para que nunca te fueras de mi lado.
Después, los oídos
para que no escucharas los consejos de quienes
nos querían separados.
Luego, fue tu nariz
para que no sintieras el olor de la sangre
brotando a mares por mis ojos.
Tu pecho, también fue borrado,
para que nadie osara dormir entre tus colinas como yo lo hacía.
Intenté borrarte, lo juro,
pero me quedaron tus ojos ibéricos
de reflejo profundo y mediterráneo,
me quedaron tus labios de sandía
fundidos en los míos como corales,
me quedó tu cuello
y su obsceno y dulce aroma,
me quedaron tus caderas
bailando sobre mis caderas,
me quedó tu risa
haciendo un eco perenne en mis oídos.
Antes la imposibilidad de extirparte de mí
te redibujé en mi sábana
durmiendo con una sonrisa
como si fueras feliz conmigo
como si nunca hubieras querido irte de aquí.
te he ido borrando de a poco
para tratar de desenquistarte
de lo más profundo de mis entrañas:
Primero, borré tus pies
para que nunca te fueras de mi lado.
Después, los oídos
para que no escucharas los consejos de quienes
nos querían separados.
Luego, fue tu nariz
para que no sintieras el olor de la sangre
brotando a mares por mis ojos.
Tu pecho, también fue borrado,
para que nadie osara dormir entre tus colinas como yo lo hacía.
Intenté borrarte, lo juro,
pero me quedaron tus ojos ibéricos
de reflejo profundo y mediterráneo,
me quedaron tus labios de sandía
fundidos en los míos como corales,
me quedó tu cuello
y su obsceno y dulce aroma,
me quedaron tus caderas
bailando sobre mis caderas,
me quedó tu risa
haciendo un eco perenne en mis oídos.
Antes la imposibilidad de extirparte de mí
te redibujé en mi sábana
durmiendo con una sonrisa
como si fueras feliz conmigo
como si nunca hubieras querido irte de aquí.

